jueves, 9 de abril de 2015

La pedrea del pan y el queso del 2 de mayo de 1976 - POR EL CRISTO DEL OTERO Y POR PALENCIA.


La pedrea de Pan y el quesillo, una de las tradiciones más populares de Palencia, donde las autoridades arrojan bolsas de pan y queso a manera de pedrea simbólica hacia todos los palentinos y visitantes que se acercan hasta el cerro del Otero. Una pedrea que resultó especial en el año 1976.
Aquel día sucedió algo que para muchos puede parecer sorprendente, pero que forma parte de la historia del barrio del Cristo y de la ciudad de Palencia.
Aquel domingo de hace 39 años nuestro Cristo amaneció de manera especial, una gran pancarta había sido desplegada desde sus ojos, en la que se podía leer la frase ¿TENDRÁ QUE BAJAR ESTE SEÑOR?
La pancarta había sido colocada por los propios vecinos del barrio, que no se limitaron únicamente a realizar esa acción sorprendente, sino que a lo largo del recorrido de la procesión y dentro de la jurisdicción del barrio colocaron estratégicamente una serie de pancartas haciendo alusión a los graves problemas que sufría el barrio. La primera de ellas, que  fue situada en las inmediaciones de la parroquia de San Ignacio, hacía referencia a las necesidades del barrio. Otras decían “Necesitamos calles asfaltadas”, “Este barrio está hecho una mierda”.
La intención de los vecinos es que finalmente las autoridades se dieran cuenta de los grandes problemas que sufría el barrio, pero las mismas se vieron molestas ante la presencia de las pancartas, y se dio aviso a los bomberos para que procedieran a su retirada, comenzando de esta manera un abucheo dirigido a las autoridades de aquel momento. La afluencia de público aquel año a la pedrea fue masiva, provocando una visión impactante de las inmediaciones del cerro del Otero.
La tradicional pedrea desde el balcón de la ermita se inició y las autoridades comenzaron a lanzar las bolsas con el tradicional pan y queso, pero en esta ocasión todo cambió, ya que comenzó a suceder lo inesperado: las bolsas regresaban al balcón arrojadas hacia él de nuevo por el público asistente a la pedrea. La cosa no quedó ahí, las pancartas también acompañaban a la pedrea, y a continuación comenzaron a surgir entre la multitud asistente gritos y exclamaciones de ¡FUERA, FUERA! dirigidos hacia las autoridades que lanzaban las bolsas desde el balcón y que a su vez veían lo que siempre les hubiera parecido imposible, que las bolsas fueran arrojadas hacia ellas.  El tono de la protesta fue aumentando, tanto que algunos jóvenes vaciaron la bolsas de pan y queso e introdujeron en ellas piedras,  y comenzaron a arrojárselas con ese contenido a las autoridades a la vez que gritaban ¡ QUESO NO, OBRAS SÍ !
Terminada la pedrea, las autoridades comenzaron a realizar el regreso hacia la catedral, mientras que los vecinos del Cristo les siguieron hasta las inmediaciones de la parroquia de San Ignacio y Santa Isabel gritando de nuevo ¡FUERA, FUERA!, acompañados de otras reivindicaciones como ¡COLECTORES!, ¡ESCUELAS!, animados por el párroco del barrio.



39 años han pasado desde entonces, unos hechos que forman parte de la historia del barrio del Cristo y de nuestra ciudad, que forman parte de la historia de Palencia. Pese a todas esas décadas transcurridas, el abandono continúa en muchas zonas de nuestra ciudad, y si nos referimos en concreto al barrio del Cristo se puede ver por todas partes, y no son hechos menospreciables ni mucho menos, en el barrio del Cristo se encuentra el Colegio de Huérfanos de Ferroviarios, un edificio público municipal de casi 16.000 metros cuadrados y unos 50.000 metros cuadrados de parcela que son de todos y de cada uno de los palentinos, con instalaciones deportivas incluidas, tanto cubiertas como al aire libre, abandonado por el Ayuntamiento de Palencia y saqueado impunemente. También se encuentran las chimeneas de la antigua Tejera de D. Cándido, que de nuevo cuentan la historia de nuestra ciudad, también abandonadas durante años, resistiendo el paso del tiempo pese a sus grietas y a la falta de conservación, incluso estando inclinada la mayor de ellas, señalando a todos los palentinos que nuestra ciudad puede estar agrietada, pero no hundida. Esa chimenea se mantiene en ese estado pese a encontrarse al lado del Instituto Virgen de la Calle, pese que a diario cientos de alumnos asisten a diario a sus clases. Los antiguos depósitos del agua, otro vestigio más de la historia de Palencia, también abandonados, olvidados, semihundidos e incluso sin valla de protección pese a su gran profundidad, depósitos que iban a ser recuperados medioambientalmente según lo dispuesto en el Plan URBAN, y que recuerdan tiempos mejores cuando su agua proporcionaba abastecimiento a todos los palentinos. El cerro del Otero, convertido en un estercolero, lugar donde se eleva la obra maestra de Victorio Macho, y donde el gran escultor descansa eternamente, llorando en su tumba al ver como la basura le rodea, al ver como su obra maestra permaneció olvidada durante años por las instituciones y políticos, pese a conocer que la misma se encontraba en un estado de conservación regular. Los Jardinillos, lugar que dan la bienvenida a los visitantes que se acercan en tren a nuestra ciudad, con una imagen lamentable que haría llorar al propio Cristo del Otero. Sus ojos que lo ven todo fueron testigos de nuestro pasado, de los hechos aquí relatados, y también presenciaron como en 1976 alguien ascendió hasta ellos y desplegó una gran pancarta reivindicativa exigiendo mejoras en el barrio.  Su acceso interno pertenece cerrado desde hace décadas, nada se dice de él en la restauración externa que se tiene previsto realizar en la colosal escultura, obra única de categoría mundial comparable a la estatua de la Libertad o al Cristo de Río de Janeiro.

Nuestro Cristo, el Cristo del Otero, el Cristo de todos los palentinos, el Cristo de Palencia, que sabe y conoce que la historia se cambió una vez, que los vecinos de Palencia la cambiaron en 1976, que unidos consiguieron que las autoridades atendieran a sus justas peticiones, también conoce que la historia se puede repetir, y que para eso tan sólo hace falta que todos los palentinos nos juntemos, y reivindiquemos lo que siempre nos hemos merecido, no el abandono de nuestros representantes políticos, sino el cuidado de nuestros parques, de nuestros monumentos, la conservación de nuestros vestigios históricos, la conservación de nuestro patrimonio, de nuestras instalaciones públicas, de nuestra industria.
El futuro de nuestra ciudad no está escrito ni le escriben los políticos, le escribieron los ciudadanos hace décadas, y ahora pacíficamente somos nosotros los que debemos escribirle.

En homenaje a todos los vecinos de Palencia que en 1976 lucharon por su barrio y por su ciudad.

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